11 de junio de 2009

Un poema cada día

La Gomera

Ayer llegaste a La Gomera,
alma de muchacho
con sueños digitales:
una espoleta atenta
y una mina a ras de suelo.

La robótica no llega
hasta tus brazos,
ni a tus uñas
ni a tus dedos.

Desde lejos,
la isla es un ser viviente,
y sesenta abanicos negros la saludan.

Cincuenta veces mil ha rogado tu garganta
al dios de las playas de arena negra,
al dios de los destajos
y al pan caliente.

Reflexiones

Reflexiones

Ahora, desde la distancia, me doy cuenta de que en aquellas ciudades la
gente tenía un mapa para sus rutas, yo estaba ciego y hablaba como hablan los extranjeros.
Han pasado los años y la ciudad es más extensa, las avenidas tienen un horizonte con punto de fuga, vibra el aire y es una ofensa no encontrar salida. La respiración se ofrece en lotes dos por uno.
Si te sales del carril derecho o tuerces por error hacia la izquierda llegarás a un lugar desconocido. No querrás dudar, pero se duda, porque la angustia viaja en el asiento de atrás de nuestro coche.
Quisiéramos ser transeúntes en una calle de pueblo, pero la fórmula es capital por tiempo, y sin descifrar la fórmula no hay salida.