25 de abril de 2012


 


Dulce y Diego

Desde hacía unos meses la casa de Dulce Mari apestaba a potaje, y ella , por más que se quejara, no podía quitar aquel olor que había trepado por las paredes de todas las habitaciones hasta llegar a la arista del techo.
El caso es que Dulce Mari tenía seis de hijos que le podían haber limpiado la casa, pero el tiempo le hizo comprender que eran los sobacos de sus hijos los que la perfumaban. Dulce, cuyo nombre era el adjetivo exacto de su carácter, trabajaba en lo que le surgía con tal de cobrar un salario que le permitiera pagar los estudios de sus seis infantes. Los chicos eran clones los unos de los otros. El mayor tendría unos dieciocho años y el más pequeño nueve. Los seis tenían una dentadura blanca, de caballo jerezano, que dejaban ver cuando sonreían y una hermosa pelambrera que se deslizaba desde el cráneo hasta los hombros. Brillante, casi azulada, como pluma de cuervo.
Adela, la dueña de la tienda de comestibles, le decía: “Cría cuervos y te sacarán los ojos”. Y Dulce Mari, herida en las entrañas, no le contestaba nada porque le vendía al fiado, le regalaba la fruta más madura y además porque era Dulce y cuando salía de la tienda el peso de las bolsas y el frío de los huesos le hacían olvidarse del aforismo.
Mucha gente le decía que si su hijo mayor, el de dieciocho años, se cortara el pelo seguramente encontraría algún trabajo; y a ella le entraban ganas de preguntar si los cinco millones de parados que había en la nación española estaban parados por llevaban melena. Tonterías. Además su hijo decía que su cabellera no era como la de Bob Marley sino como la de Sansón, y que si la melena de Sansón había sido defendida históricamente como símbolo de  la fuerza, porqué tendría él que rapársela.
Es cierto pensaba Dulce,  el chaval lleva la melena por principios, quizás incomprensibles, o un poco extravagantes, pero principios al fin, y además bíblicos.
Diego, así se llamaba el mayor,  tenía una novia con forma de cántara, con dos asas circulares a los lados y unos ojos de cristal oscuro. Y estaba enamorada de la melena de Diego, de sus brazos torneados como columnas salomónicas y de sus espaldas de San Cristóbal que apenas cabían en la camisa de cuadros franela.
Un día, al pasar por la ferretería “La llave de oro”, vio un anuncio solicitando ayudante. Entró y pidió hablar con el dueño. Le pasaron a la trastienda donde un anciano de setenta años, gordo, con grandes bolsas bajo unos ojos llorosos  y una pipa de madera colgada de unos labios cárdenos le sonrió.
-¿Así que quieres trabajar, eh?
La trastienda era un almacén con las paredes ocupadas por cajas ordenadas en hilera, con una etiqueta sobre cada una diciendo lo que contenía: clavos, tornillos, arandelas…
Detrás del septuagenario se veía un gran rollo de alambre de  espino.
-Siéntate –le dijo, con un gesto amable. –Siéntate, y vamos a hablar. Antes de coger a alguien para trabajar en la ferretería me gusta hablar con él,  aquí, tranquilamente.                 ¿Quieres un vaso de agua? Porque vicios no damos.
Diego miraba hacia todos los rincones, a las cajitas de las paredes, a la cabeza calva del anciano, al suelo de baldosas desgastadas y a la bombilla de sesenta y cinco vatios que casi le rozaba la cabeza.
Don Rufino, ese era su nombre, le hizo preguntas sobre la naturaleza, hablaron de bosques , de castaños, de hayas, de brezos, de conejos, de bacalao, de los platos que más le gustaban y de lo bien que se lo pasaban los chicos antiguamente en la plaza cuando bailaban al son de la banda en los jardincillos.







Le preguntó a Diego que cuales eran sus aficiones y qué leía. Sin saber como acabaron hablando de la Biblia y de Sansón y Dalila.
Después de un par de horas de conversación le dijo:
-El lunes puedes empezar. Pero, si quieres trabajar en “La llave de oro” tienes que cortarte la melena.
Diego le contó a su madre lo ocurrido y ella, aunque en su  fuero interno comprendía que su hijo llevara melena por principios, le hizo ver al chaval que lo más práctico sería cortársela.
Dulce le compró una camisa de rayas, un jersey de estambre fino y unos pantalones Levis. Y cuando le preguntó a su hijo que cuanto le iban a pagar, él contestó que no habían hablado de eso.
Dulce torció el labio y exclamó: ¡Pero, Hijo!
El lunes por la mañana Diego parecía un modelo y a Dulce se le cayó la baba al verlo ir a su primer trabajo.
Cuando entró en la tienda don Rufino le llamó y le dijo que le había gustado mucho su actitud, pues ni tan siquiera le había preguntado cuanto iba a cobrar.
Diego intentó hablar, pero don Rufino comenzó a decirle que él también tenía un sentido bíblico de la existencia, que Dios les había dado la tienda para trabajar, que el trabajo era una forma honrada de vivir, que los que trabajaban no tenían tiempo para pensar en malas acciones, que el dinero no era lo más importante, que aquí él sería como el hijo que nunca había tenido y que si se portaba como él esperaba que se portase no tendría que preocuparse por el futuro.
-         Ahora,  ponte un mono azul. Si quieres puedes ponerte uno de los que están en esa balda de arriba –señaló con el bastón. Son viejos, pero seguro que alguno te estará bien. Cuando lleves más tiempo te daremos uno nuevo.
Diego se enfundó en el mono azul y se atrevió a preguntar:
-¿Pero… cuanto me van a pagar?
Don Rufino no le contesto porque tenía narcolepsia y se había quedado dormido.



12 de febrero de 2012

No olvidemos

Libremente amordazado
Lloro
El código teje laberintos
Temo
Silencio tras silencio

La culebra se desliza
Por el lodazal oscuro
Coraza metálica
Perfecto mosáico de sombra

Pero soy junco
Libélula ingrávida y perenne
Sombra herida sobre el agua.

10 de febrero de 2012

Qué hemos hecho los españoles para que la justicia DE LOS JUECES nos sea tan extraña: Camps, Marta del Castillo y ahora Garzón.
Y para colmo quiere el PP que sean los jueces quienes elijan a sus altos magistrados y que sean vitalicios los cargos.

6 de febrero de 2012

POEMA

Mi poema es mi palabra
Dentro de mi el poema
Río
Canta entre los juncos
Suspendida libélula
Viento que dice
Amor y odio
Viento con sabor a hierro
Onda por el aire
Grito efímero hacia lo eterno

17 de enero de 2012

POEMA

En el trayecto que va del oxigeno al azufre
Habéis caído
Tristemente miro
Mis pasos sin huella
Atrás
Solo encuentro
Escamas de peces
Que nadan en círculos
Tristemente van cayendo

La gracia con que antaño
Se reían los adoquines
El desparpajo de las esquinas
Y los kilómetros de amables conversaciones
Han caído

También cayeron algunos claveles del balcón
Y las tardes de verano

¿Será que ha cambiado el ritmo de las estaciones?
Heme aquí extraño y extrañado
Piedra antigua componiendo el muro

3 de enero de 2012

Bodas a orillas del Río Negro

Es el tiempo del remanso
En las aguas de los ríos
De la mirada anhelante del jaguar
Del suave trino
De las inquietas aves
Del imperio húmedo de la jungla
De la araña huraña
Y del iris profundo de tus ojos en celo
Es la hora de la cópula del verde y el azul
La mutación del nenúfar blanco
De las hojas que riman con la luna llena

Es tiempo de recreo
De sangre perfumada
De vibrantes lechos de hojas muertas
Del mármol del amanecer
De donde nacen los dioses y las ninfas juegan
Las garzas blancas vuelan
A adorar al día.

Bailad dichosos en la tierra tropical
Donde hay árboles con sueños
Que destilan sabia blanca
Donde las tarántulas esperan
Y miles de insectos diminutos
Marcan el ritmo de las horas
Abrazad vuestros cuerpos
Nadad con los delfines rosas
Y con los peces gigantes de los fondos fluviales
Nadad en la laguna,
Con el yacaré en la orilla
Con los pájaros de pico rojo
De alas azules y crestas arrogantes
Rasgad el silencio con gritos
Como besos
En este jardín de soles y de sombras y de fuego.

28 de noviembre de 2011

Fin de año

Por fin llegó el día 365
Qué me miras
Se acabó
Eso dije
Y nada más
Pero siguen otros días
La gente está llena de tiendas
Tres semanas de nubes
Y un bizcocho de vergüenza
¿Quien quiere más?
Mira la calle mira las infinitas luces
Todo se llena de Endesas
Y nadie se electriza
Somos insensibles a los neutrones
A los protones
A los neutrocitos
Y es natural solo amamos
Lo que conocemos
Conóceme a mi mismo
Y te prometo un turrón de yema
O un paseo del brazo por la Gran Vía
Y te juro que antes de que llegue
La cuesta de enero
Pienso huir a Egipto
Con algo recién nacido
Entre gritos y golpes de deseo

Poema y despedida

Dentro de pocos días me voy a Brasil a celebrar la boda de mi hijo, estaré ausente.
A continuación un poema que escribí en mi visita al Hierro


Expectativa de fuego
Hay un pájaro de nombre para mi desconocido
ojos de peces muertos
saltan
espumas de olas
fétida ilusión del agua
al apagar el fuego
útero hirviente
husmean los perros perdidos en la playa
vibra hasta alcanzar silencio
la campa
y esperan
los dueños a la puerta,
esperan los turistas
fumarolas
sucia de besos azules la distancia.

24 de noviembre de 2011

En El Hierro



la iglesia respira
en su interior de penumbras
las casas callan
detrás de los cristales
el sol
en el altar silencioso
el golfo es fuego
allá en Frontera
las hojas
verdes aflechadas
abrazándose se besan
los cielos
copula la mar abierta
con aguas de turquesa
calma dice el aire
y las flores
viven detrás de las cortinas
no lloran
y los perros husmean
vuelan gorriones
en el azufre del volcán
el zumbido del insecto se ha roto
el roce de los roedores
y la curiosidad de las gaviotas
rompen el aire
el eco de los pasos
la sed de agua bendita
el poder inmenso de la luz
de las caricias
y el salto alegre del delfín
sobre el misterio.

8 de noviembre de 2011

Endemoniados



La pedanía de Acapo está después de pasado el túnel de la carretera general a la izquierda: unas cuantas casas rústicas de piedra basáltica negra y tejados humildes donde florecen silvestres los verodes. La tea de las puertas y ventanas se achicharra y se retuerce como los rostros de los labriegos que me espiaban curiosos.
Subí hasta la iglesia a pie porque dejé el coche cerca de la carretera.La aldea son cuatro callejas en pendiente asfixiadas por dos barrancos profundos que la flanquean.
La iglesia no era mucho más grande que cualquier casita. Tenía, sí, una puerta amplia de madera tallada y una torrecita para la campana. Los muros ,impecablemente blancos, se doraban por un sol de poniente que en la plazoleta filtraba sus rayos entre la espesura de un laurel de indias .
Aunque el cura pertenecía a la parroquia de Guardan , había elegido vivir en esta aldea, me dijeron en el pueblo cuando pregunté por él.
Lo de venir a visitarle surgió tras leer en una revista de magia y esoterismo un caso de posesión demoníaca en el que este cura se había visto envuelto. Pero , no sólo eso, el cura se llamaba como yo , Joaquín Alcorta Goyeneche .Eso avivó aun más mi curiosidad por conocerle . Yo también vivía en la Isla y trasladarme a Guardan no me iba a costar mucho.
Cuando llegué, el cura aun no estaba en casa. El aire tórrido vibraba en la distancia y de la gran ladera que trepa hacia el Teide los pinos lanzaban bufidos cuajados de resina como preludio de nuevos incendios. Me senté en la escalerilla delante de la iglesia y me desabotoné la camisa empapada de sudor. Luego de un rato de espera caminé por un callejón empinado al abrigo de las sombra de una tapia hasta una era circular y empedrada.
Cuando volví , junto a la puerta de la casa del cura había aparcado un Opel rojo.
“Ya llegó” , pensé. Busqué un timbre o una aldaba , pero no los encontré . Golpeé la puerta con los nudillos y como si el cura estuviera esperando detrás, antes de dar el tercer golpe se abrió la puerta.
-¿Don Joaquín Alcorta?– comencé preguntando, pero la sorpresa al verlo fue tanta que no pude pronunciar el segundo apellido. El padre Joaquín era idéntico a mi. Peinaba raya , llevaba gafas de poca graduación, tenía una nariz larga y fina, los dientes apiñados.
-Pase.
Un fresco agradable contrastaba con el calor de fuera. De la techumbre de una galería colgaban helechas y claveles de viento. El cura vestía una sotana de hilo y dejaba ver el alzacuellos desabotonado. Detalle mínimo de desaliño.
- Gracias por recibirme, padre, mi nombre es Joaquín Alcorta Goyeneche. Me llamo exactamente igual que usted . En una revista que informaba sobre las endemoniadas de Acoja, daban su nombre como el del sacerdote que había logrado desposeerlas. Mi interés en estos asuntos no es más que el de una curiosidad morbosa; pero como nos llamamos exactamente igual, pensé que podríamos conocernos.
El padre Joaquín con la naturalidad propia de un viejo amigo me pasó el brazo por el hombro y me obligo a avanzar con delicadeza hacia el fondo de la sala. Comenzó a contarme cómo vino hacía muchos años a este lugar de la Isla, remoto, muy remoto, entonces, y que por encargo del obispo se dedicó a las endemoniadas. Logró liberar a la pequeña comunidad de Acoja de la influencia del maligno.
-No puede usted ni pensar las cosas que pasaron: muertes de ganado, gatos en los pozos, alaridos de madrugada, visiones entre los pinares y cada poco un incendio. Me contaron que dos pobres locas ,que acabaron encerradas, profanaron la Sagrada Hostia .Yo conseguí poner coto a todo y cuando acabé el pueblo me pidió que me quedara , que no les abandonara. Y Cristo nunca abandona a sus criaturas.- Quitó el brazo de mi hombro y me cogió la mano.
- ¿Un café? –preguntó.
- Sí, gracias .¿Padre, se necesitan poderes especiales para practicar exorcismos? Seguía con mi mano entre las suyas y lo que en otra ocasión me hubiera parecido ridículo , ahora me parecía perfecto. El padre Joaquín transmitía una especie de bienestar que daba la impresión de que nos conociéramos desde siempre.
Se levantó y desde el poyo de la cocina me dijo:
-Mejor vino. Tengo una botella de un buen vino. No es “Lacrima Christi” , pero seguro que Pío XI, quien dicen que lo bebía, hubiera incluido este vino en la lista de su bodega.
Trajo un plato de pastas y rosquetes , dos vasos y una botella. Era un vino generoso, con sabor a resina, como si se hubiera madurado entre los pinares de la ladera. Apuramos el primer vaso y me obligó a mojar los rosquetes en un segundo vaso que sirvió de seguido.
- No es preciso tener ningún don especial para practicar un exorcismo. Aunque parezca irreal la Iglesia es consciente de que el demonio está en todas las partes. El demonio es el mal. Cuanto más buenos somos más nos alejamos de Satanás. Yo estuve en Roma dos años, donde acudí a estudiar Teología . Trabajé en la Rota y conocí a monseñor Altatutto , estudioso de los casos de posesión demoniaca en la diócesis de Roma. Los testimonios sobre casos de participación del diablo en todo tipo de acontecimientos eran clamorosos. Hablo de casos extraordinarios y de incursiones en todas las esferas de la vida cotidiana. Archiconocido es el famoso asesinato de las doncellas de Villa Natella en la Vía Apia ¿ recuerda? , dos niñas de apenas trece y doce años que aparecieron atadas al tronco de un mismo árbol en el jardín de su lujosa residencia, con un cuerno de cabra introducido en su sexo aun púber. Y el caso del lechero- me miraba sonriente buscando asentimiento a sus relatos-que echaba polvo de mandrágora en la leche que vendía a sus clientas y después de cierto tiempo accedía a ellas cada mañana. Accedía, ¿comprende?- repitió esto como si dudara de mi perspicacia- En una ocasión organizó una bacanal en el sótano de la lechería. Todas las asistentes se untaron la vagina con belladona y volaron. En las investigaciones de monseñor Atatutto se comprobó que el lechero era el mismo diablo. ¿Cómo, sino, hubiera podido copular en un mismo acto con unas quince mujeres? ¿Y por qué quince y no trece o dieciocho? Porque el número de la niña bonita es también el día en que florece la mandrágora , quince días antes del día de San Juan, cuando al llegar el solsticio de verano las brujas se reunen y queman sus ansias en el fuego. Ése es el origen de la hoguera ¿Lo sabías?
De repente me tuteaba. Hablaba apaciblemente. Su vehemencia , pues era vehemente en su exposición, se hacía sentir a través de la versatilidad de su discurso que adornaba con citas de autor , metáforas y adjetivos precisos. Yo lo miraba; no cuestionaba nada ; no me sentía molesto de verme como si hubiera salido de mi y me observara a distancia. Era tan igual a mi que parecía mi imagen en un espejo. Sin embargo ni me extrañaba ni me disgustaba; todo lo contrario, me agradaba. Estaba viendo al ser que yo hubiera querido ser : libre, culto, desinhibido, locuaz ,afable, obsequioso...
-La práctica del exorcismo es un rito. Nada se deja al azar. Al igual que en la Santa Misa mediante la consagración la Hostia , que era un trozo de pan ácimo, se convierte en Cuerpo de Cristo. Cuando se practican los ritos del vade retro y se invoca la ayuda de Cristo , la Cruz vence a Satanás y el espíritu se libera. El alma vuelve impoluta al cuerpo de quien estaba poseído.
-¿Pero, no es cierto que la Iglesia ya no cree en los poseídos; que la inmensa mayoría de las posesiones eran simples ataques de epilepsia?
Se volvió a mi con un gesto despectivo y exclamó:
- ¡Pajadas! – y me pidió perdón por el desliz. Me explicó que la opinión más docta de la Iglesia aceptaba la presencia del maligno entre los hombres, la posesión y el exorcismo como método de liberación.
Se levantó y trajo la segunda botella de vino. La luz del sol era muy tenue y las sombras se estiraban por la pared desde la mesa. Bebimos más. Le pedí agua, pero me dijo que era una blasfemia mezclar el mejor vino con agua.
- Recuerde las Bodas de Canaa. Venga.-se levantó y abrió la puerta que daba al patio.- Le presentaré a Fe y Esperanza , las famosas endemoniadas. Bueno, exendemoniadas .Cuando yo vine aquí, el obispo me puso al frente de esta pedanía porque se habían producido varios casos de posesión demoniaca. – Hablaba sin parar mientras caminaba hacia el patio que daba a la calle por la que yo caminé antes de entrar en la casa. Estaba bastante oscuro y la enorme ladera se erguía como una gran tramolla taponando el horizonte. Los pinos extendían sus brazos desdibujados por el atardecer. Llegamos a la era empedrada y desde allí por una senda hasta una casita con ropa en la azotea. Abajo, infinitamente lejos, el océano era un plano horizontal al encuentro de las montañas. El sol ya se había escabullido.
El padre Joaquín abrió la puerta sin llamar .En el centro de la habitación dos mujeres con la mirada fija en la mesa rezaban el rosario; cada una por separado.
-Ave María purísima-don Joaquín se plantó en el centro de la sala.
Ellas contestaron y se persignaron atropelladamente.
-Os traigo un invitado para cenar esta noche- Miró hacia la cocinilla . El fuego estaba apagado y no había rastro de comida.-¿No hay nada para cenar?
Las dos hermanas se levantaron de la mesa y corrieron hacia el poyo de la cocina .Encendieron el gas y la llama azul hacía bailar las sombras. Un puchero de arcilla se hizo añicos por el suelo. La más vieja se agachó y sumisa me pedía perdón.
-Venga,- dijo él –Estáis a oscuras como si esto fuera una cueva. Enciende la luz. La cena ya tenía que estar hecha. No me gusta que hagáis el vago. Hoy no habéis hecho nada. El diablo se aprovecha de vuestra vagancia y abrirá las puertas de vuestro cuerpo. Enciende la luz te he dicho. Queréis perderos . El trabajo es una muralla, una defensa. Yo trabajo todo el día y Dios está conmigo. Pero ahora qué.
La estancia se iluminó con una bombilla de 60 voltios . El cura seguía increpándolas, cada vez más.
-¡Miradme!-grito y golpeo la mesa con la mano.
La que había tirado el puchero era una mujerona de ojos negros redondos y pelo cano que manaba abundantemente por debajo del pañuelo hasta cubrirle la frente. La otra era de facciones alargadas. Tenía un labio leporino y en su expresión la huella de infinitas desgracias .La presencia del cura las azoraba.
El padre Joaquín descontrolado, insultaba a las mujeres. Sus ojos enrojecidos se cargaron de lágrimas y se empapó de sudor .Golpeaba la mesa repetidamente y les pedía que preparasen algo de comer deprisa. Yo también tenía mucho hambre. Él sacó unas raíces secas de debajo de fregadero y me invitó a ingerirlas con otro vaso de vino. Un tufo a comida agria llenó la pieza. Quise apaciguarme. Las mujeres corrían de una esquina a otra de la sala y él les preguntaba:
-¿Y la ropa , qué pasa con la ropa? Tengo que cambiarme de sotana todos los días. Apesto a sudor. Huele. Se desnudó y ellas lo acostaron en un colchón. Mi cabeza daba vueltas, pero seguí bebiendo y comiendo aquellos hierbajos. Quise salir de la pieza, pero caí al suelo. Cuando me desperté estaba empapado de sudor, acostado entre las dos hermanas y el cura esparciendo agua sobre nosotros con un hisopo.
-Ya le dije, colega –me dijo – que el demonio no descansa. Gracias a mi, está usted libre del maligno. Cuando salgamos, pasaremos por la iglesia para dar las gracias al Altísimo. Pero antes ellas le prepararán un desayuno. No tema por su aspecto.
Las miré, y él sonrió.-Me refiero al desayuno, es un puré a base de unas pencas que cultivamos en el huerto; no tema, le sentará bien después de haber estado poseído.
La piedras seguían retorcidas y las calles cuesta arriba. Joaquín Alcorta Goyeneche me abrazó y me dijo que si volvía otro día le avisara antes. Nos despedimos.

Melancolía


Esta mañana he sentido el hormigueo de la plaza
Los jardines susurraban
Una canción centenaria
Era viento hecho palabras
Y nadie bajaba a oírme
Nadie había detrás de las ventanas
Tan solo un camposanto

Phoebe Ann Traquair


En los dorados campos de tu melancolía
Blancura y desnudez
Se entregan
Llega la música de un arpa
A un tiempo de pájaros, serpientes
Para limitar los sueños.

31 de julio de 2011

VACACIONES







Queridos amigos:





Me voy a pasar dos meses en Edimburgo, y aunque entraré de vez en cuando en la blogería, no podré, pienso, editar cuentos y poemas como lo hago ahora.





Deseo que pasen un feliz verano. Volveré antes de las próximas elecciones.





Un fuerte abrazo para todas/os. Vamos, un abrazo bisexual.





28 de julio de 2011

Negro final




Una claridad intensa se colaba por los postigos del dormitorio. Armando y Tere se despertaron.
-¡Qué raro , las tres y veinte y ya es de día!
Armando saltó de la cama y abrió la puerta del balcón. Un sol de mediodía iluminó la habitación. Miró a la calle y la vio vacía.
- Pon la tele – dijo Tere , y la conectó ella misma.
En la 7 del canal plus se mostraban imágenes de ciudades europeas en pleno día. - Un milagro. Es un milagro – decía una viejecita a la puerta de una iglesia.
El director del Astrofísico de Somosierra decía que no podía opinar. No era comprensible desde ninguna lógica, ni saber humanos, que el sol se hubiera plantado a las tres de la madrugada en su cenit .Algo se ha movido. ¿La Tierra , el Sol?
En Nueva York , Manuel Frutos informaba directamente desde la sede de prensa del Pentágono .
- Grupos de expertos analizan la situación. Lo imposible está ocurriendo. Armando, inquieto, bajó a la calle, se dirigió a la plaza. Don Álvaro, profesor del instituto de segunda enseñanza, decía que ya en otras ocasiones habían ocurrido fenómenos como el presente.
- La muerte de Jesucristo fue acompañada de una oscuridad que cubrió la tierra y se sintieron temblores en todo el orbe.
- Eso pudo ser un eclipse. Y además , no se ha muerto Jesucristo.
- Eso es lo que tú no sabes- replicó el estanquero.
Varias horas después la gente corría apresurada por las calles camino del trabajo y los coches polucionaban el ambiente como cada día.
Armando encontró a Tere en casa haciendo las camas y escuchando canciones en la radio. La tele, en la sala de estar hablaba para nadie. Un señor inglés, decía que el nacimiento de Ganesha , el dios indio con cabeza de elefante, fue celebrado con tres día de sol constante.
-Bobadas- pensó Armando.
Pero desde aquel día el sol no se movió de su posición, y al llegar la noche, es decir, las horas que hubieran correspondido a la noche, la gente paseaba por las calles del pueblo sin decidirse a volver a casa. Comían helados y bebían refrescos como en las fiestas del pueblo en pleno agosto. No dormían. Hubieron de pasar varios días para que los cuerpos comenzaran a notar el cansancio y con él llegó el desorden; la malagana y el desasosiego. Algunos aprovechaban para trabajar más horas.
Armando se amoldó a la situación y como muchos comerciantes dobló el horario del almacén :abierto mientras durara el fenómeno solar.


-¿Te das cuenta Tere?- se frotaba las manos – el mercado enseguida se adapta a la realidad. Esto va a suponer una reactivación de la economía.
-Dirás lo que quieras, pero yo estoy rendida. Antes llegaba la noche y hala, a la cama , pero ahora se acabó. Esto es un desorden. Ayer mismo la vendedora de Limpiagrato me llamó a la puerta a las cinco de la mañana. Algunas se pasan. Luego está lo de los rayos Uva. Todo el mundo dice que producen cáncer.
- Si hiciéramos caso de todo lo que se habla no saldríamos de casa -replicó él.
Pasó el tiempo y comenzaron a escasear el agua y los alimentos. Los países más desarrollados acaparaban provisiones. Se divulgó la noticia de que la tierra estaba ahora iluminada por dos soles. Ya nunca habría noche.
- No sé donde vamos a llegar. Lo único que queda en la tienda son lámparas.
Los campos secos, las tierras cuarteadas y polvorientas, los cauces de los ríos , pedregales .La Organización Mundial de la Salud aconsejaba usar velos y chilabas .O el burka talibán para evitar quemaduras.
-Joder, ahora como los moros, todos con chilaba.
Armando no quería ceder a los consejos de la OMS , pero pronto comenzaron a aparecer los primeros datos estadísticos sobre el cáncer de piel. Los hospitales estaban atestados y se recomendaba a los enfermos la reclusión domiciliaria para facilitar la tarea de los médicos. Melanoma Solaris, manchas canelas en los lóbulos, párpados y labios. En fases avanzadas multiplicaban los lunares disformes por el cuerpo, se producía descamación y supuraciones.
Masas de ciudadanos volaban a los países de luz intermedia. Multimillonarios del planeta se trasladaban a Manchuria , donde la luz solar era la del alba. Pero pronto los gobiernos de Beluchistán, Turquestán, Afganistán, Pakistán, Rajastán , parte del Indostán , países albinos-así los llamaban ahora- promulgaron leyes de protección de fronteras para frenar la avalancha de inmigrantes.
Cuando Tere le preguntó a Armando que qué tenía en el pabellón de la oreja, éste comprendió que tenía un melanoma. Se puso la chilaba y un turbante azul , pero ya era tarde. El cuerpo se le llenó de lunares y de las inglés se le caían trocitos de piel por el roce de los calzoncillos.
La noticia de que en París el “Institut de la Recherche sur le Cáncer “ estaba probando una nueva vacuna para combatir el “melanoma solaris” llevó al matrimonio a la capital de Francia cargado de esperanza.
En el Institut de la Recherche una recepcionista, con velo de flores malvas trabado al cabello , les atendió amablemente y les condujo hasta la sala de espera.
El doctor Weisermann les atendió en su despacho, alumbrado por una lámpara , cerradas todas las ventanas y con un ventilador de techo.
- Don Armando – leyó en la ficha que le pasó la enfermera- la solución es la vacuna. Como usted sabe es una vacuna en periodo de prueba, pero el melanoma se ha convertido en pandemia y es preciso arriesgar. El instituto tiene pruebas de que tras las primeras dosis la enfermedad empieza a remitir. Las manchas se convierten en costras que con el tiempo caen. En algunos casos se administran corticoides .El medicamento actúa sobre el núcleo de la célula cancerosa interrumpiendo su actividad reproductora.
Sonrío y esperó a que Armando sonriera. Luego prosiguió:
_Pero, debo advertirles de algo- el doctor garabateaba sobre un papel – usted se va a poner muy moreno.
-¿Moreno? – preguntó Tere, y a continuación se tapó la boca con la mano.
- Sí, -respondió el doctor- muy moreno. En realidad se volverá usted negro.
-¿Negro? – Armando con ojos pitarrosos y turbios miró a Tere, que le susurró: no te preocupes, también los jugadores de balón cesto son negros.

12 de julio de 2011

La Pueyos







Mi madre decía: “A tu padre lo perdió el juego”.
Cuando pasaron los años , después de que un infarto se lo llevara al otro mundo yo me di cuenta de que él no fue ni bebedor, ni peleón , ni mujeriego. Su única debilidad, como decía mi madre, era que salía de casa a echar la partida y se jugaba en el bar hasta la última perra.
En los años de la posguerra los casinos de los pueblos no eran casinos de juego.
- ¿Manolo, también esta noche vas a salir?- mi madre recogía la mesa y mientras llevaba los platos a la cocina mi padre ya estaba dispuesto para largarse.
- Acuéstate que yo llego enseguida.- le gritaba desde la puerta.
- ¡Ay, señor! Otro día hasta la madrugada.
La mayoría de la gente pasamos un tercio de nuestras vidas durmiendo; mi padre debió pasar gran parte de la suya entre el humo de los cigarros de picadura y el olor del “Soberano” en los reservados de un bar o del casino del pueblo.
De casi todo me enteré cuando pasó el tiempo. Porque de pequeño las cosas te dan pena o te dan risa, pero no se entienden.
Una tarde, doña Lucía, una viuda enlutada, de cabello y tez de magnolia, se acercó a mi madre, la tomó por el brazo y con la seriedad que requería el comentario, le dijo, al oído:
- Ayer, en el bar El Siglo XX, tu marido perdió quince mil pesetas. Le ganó Rufino.
Yo, que estaba jugando con un camión de madera debajo de la mesa, oí a mi madre exclamar:
- Por dios, mejor, no me lo diga..
- Tómatelo con resignación, Alicia.
Mi madre se restregó los ojos y dijo que la vida era un infierno.

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La Pueyos era una mujer chata y gorda que tenía horror a las tormentas. Un trece de agosto , después de comer, el cielo se puso negro. La Pueyos cogió a la cría de la mano y se fue a casa de la vecina.
Cayó un rayo en el campanario de San Francisco, y la centella entró en su casa, destrozó las tres sillas que tenía, la mesa, la loza que le acababa de regalar su marido y partió en dos, como con un hachazo, la puerta del dormitorio.
Un día más tarde, sin enterarse de lo de la centella, su marido , camionero de oficio, se mató en un accidente.
Colocaron el ataúd a la entrada de la casa y con una tabla y clavos sujetaron la puerta del dormitorio para poder cerrarla. La Pueyos lloró tanto que durante años le quedó un suspiro de dolor : ay dios mío.
Para sacar los críos adelante, cuatro, trabajó de limpiadora, que era lo único que podía hacer una viuda sin posibles. Su madre, seca como una correa, con pelillos en la barba, y nervios de arriba abajo, le cuidó la prole.

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Al poco de nacer yo, a mi madre se le retiró la leche. En la posguerra no había leche en polvo, así que me buscaron una ama de leche.
La Pueyos, acababa de tener un hijo de soltera. A mi madre le dijeron que no se fiara , pero el doctor Luis Angel le dijo que era honrada y muy limpia. Mi madre no se lo pensó dos veces, la trajo a casa y desde el primer día yo perdí mi ayuno.
- A la Pueyos la tienes que querer como a tu segunda madre- Me decía a mi madre verdadera.
No era necesario, La Pueyos me quiso desde la primera teta. Se quedaba en casa. Aprendió a cocinar con mi madre, a coser, a hacer calceta y a preparar conservas. En vacaciones íbamos de vacaciones al norte. Y para la Pueyos la señora Alicia era toda una señora y su marido un caballero..
Cuando cumplí los siete años, la Pueyos se casó con un hombre delgado, de ojos rasgados y boca grande : un camionero que vino de sur a trabajar.
Los años que pasó con él, pocos , hasta que el rayo entró en la casa, fueron sus únicos años buenos: cambiaron el pavimento de la casa, pusieron un vater en el patio e hicieron un corral nuevo para las gallinas. En la cocina levantaron un poyo corrido para la cocinilla nueva y el fregadero. Compraron una cama grande y un armario con espejo.
Por eso cuando murió su marido fue como un viaje a un lugar muy conocido.
- Y es que algunos no quiere Dios que salgamos de pobres. Ni aun que tengamos cuatro críos.- Uno, que ya tenía y tres más del matrimonio.
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-Manolo , así no podemos seguir .Yo necesito una seguridad. Hace más de un mes que no me das dinero – Oí a mis padres pelear furiosos dentro del cuarto.
-¡Joder! Ten paciencia , que hoy no puedo ¿Os ha faltao algo, alguna vez?- Mi padre usaba la segunda persona del plural convencido de que la familia era su responsabilidad. Pero ya nadie le creía.
Mi hermana y yo desde nuestra habitación oíamos llorar a mi madre , y a mi padre, que gritaba: “Me cago en la mujer de dios, que más cojones quieres” - Y cuando él callaba , se oía una llantina como de niña pequeña que apagaban nuevos gritos.
A veces , mi madre se ponía derecha y le hacía frente :
- Manolo , por dios, ya debemos tres meses de colegio de los chicos. Me da vergüenza. Yo ni salgo, porque no tengo que ponerme. Hace más de seis años que tengo los mismos vestidos. Y del abrigo, ni hablemos. El mejor día, cojo y me largo.
- - Vete, vete , que por ahí atan los perros con longaniza. Qué tonta que eres.

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Cuando mi madre fue a Bilbao un invierno a cuidar de mi abuela enferma, ya nos habían cortado el teléfono por impago. Y hasta para comprar sellos teníamos problemas.
- A la mamá le diremos que estamos muy bien, que no se entere de que casi no nos da dinero.-decía mi hermana mayor, que demostró aquel invierno unas dotes para el ahorro que hasta sorprendieron a mi mismo padre. Y también ella nos decía a mi otra hermana y a mi, que lo peor de nuestro padre es que era un irresponsable.
Aquel invierno mientras mi madre estaba fuera, entre mi padre y un vecino se llevaron los muebles más lujosos, la máquina de coser, la radio y la nevera. Todo lo que pudieron , para que cuando vinieran del juzgado a embargarlos no encontraran nada que valiera la pena..
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- Mira, vete a casa de la Pueyos que te dará algo para mí.- me dijo mi padre dándome un golpecito en el cogote: “ve rápido que te espero” –miré hacia atrás y vi como se prendía el pitillo.
La Pueyos al abrir la puerta me abrazó fuerte y me besó.
- Estás hecho un hombre. Ya tienes quince añicos ¿eh? Siéntate y come algo. ¿Sabes? Ángel ya trabaja.- Ángel era su hijo mayor, mi hermano de leche
Los hijos más pequeños jugaban por el patio y subieron a verme.
- Venga, iros abajo que no dejáis comer al chico.- La Pueyos me servía la comida y retiraba los platos, arrastrando su gordura de la mesa y a la cocinilla.
- Espera un poco; ahora mismo vengo -Aun iba de luto riguroso por su marido. Subió una escalera estrecha y cuando bajó llevaba un sobre en su mano de piel ajada de tanto limpiar baldosas.-Toma; no lo pierdas que hay dinero dentro. Y dile a tu padre, que te ha dicho la Pueyos que no se apure por devolverlo.
Yo la miré con el sobre de dinero entre mis dedos sin saber muy bien en que bolsillo meterlo. Y ella siguió:
-Que a tu padre lo ha perdido el juego, pero no es ni borracho, ni mujeriego. – Me abrazó otra vez y con voz cortada añadió: “Algunos nunca tenemos suerte , hijo mío”.

4 de julio de 2011

ATENAS





Lógica peripatética, orden de Europa a Palas, rebelión de los tres órdenes arquitectónicos, el fuste se levanta, el frontón se enfrenta y la metopa topa, increpa al Sacro Imperio la voz del ágora, el mar Egeo tiene una pleamar de gritos y salas insonorizadas, el Papa no surge, el solideo se esconde, se sorprende el Renacimiento y el Barroco ronca, Calvino clama, tiene una cuchilla de sajar gargantas,

inyectan oro del Rin en la vena de los Nibelungos, ruedan los anillos y las erres, la gula huele, solo es roja la patata, la tierra es fango y el agua es pesticida, frío en ríos que fluyen al mar Negro, frío en los ríos del mar del Norte, en las playas extensas, soledad del alma, de viejos Friedrich asomados al abismo, de un weltamschauung exclusivo, de vestidos mimosamente rematados, de bolsos de cuero, cuero de culebra, zapatos para marcar el paso, abrigos de cachemir, bufandas Vouiton y guantes para evitar contactos,y un diamante se desliza insolentemente por el canal silencioso de las valkirias,por los hermosos senos de choucroute, por los pezones de la glotonería,

los relojes marcan la hora exacta de su nacimiento junto a los lagos de Helvetia, horas congeladas, ordenadas, horas de chimenea y de costumbre, la hora justa , nórdica y productiva, la hora de Ratisbona, de la eléctrica, de la mecánica, de la electrónica, de la física, la química, la farmacéutica, la hora apolítica por excelencia, de la paz y la estricta conveniencia, la hora de la lógica y el abandono de innumeras voluntades y una razón, la razón pura, no al tabaco, no a la grasa, no a la comida a deshoras, no a las noches de troche y moche, es la hora aséptica, la hora de la copula sumergida, de tragar la sopa de pie en los supermercados, de las enzimas, del magnesio, del aceite de argán, del viento del este

del sol del sur que quema y adormece, Palas llora con máscara y coturnos, Zeus la expulsó del Olimpo y hace frío en las ruinas de mármol, hiela en la Hélade, los bárbaros le dan de lado, hay helado danés en el barrio de la Placa y granizado en el Pireo, los niños ñoños van cogidos de la mano, ya no copulan los dioses, no queremos héroes en los mercados, solo gentiles educados, Hércules hace aguas mayores detrás de las columnas, las dóricas tienen sonrisa arcaica, las jónicas, exótica, un reino vegetal de cucurbitáceas, no se ven ropajes clásicos, ni cánones canónicos, en las estelas funerarias se cambian dracmas por euros antes de que llegue el Cíclope, antes de sucumbir al imperio del ojo único, Ulises y Hércules se orinan, es dorada la lluvia de los dioses y el canto erótico de las sirenas, lanzan sus pechos flotantes a las naves que surcan los mares de China, las televisiones no rifan viajes, se acabaron los cruceros por las islas griegas, las cuentas corrientes no tendrán vajillas, y solo quedarán restos de musaka y queso feta en la plaza Sintagma.

28 de junio de 2011

POEMILLA




Hoy un poema corto e intrascendente para una tarde de verano ardiente:

Mi pueblo tiene un acantilado
Muros de rocas que el mar visita
Piedras y arena que la mar baña

Y van los peces
con ojos grandes
y con escamas
como cristales

Dentro del agua, todos bañistas
fuera del agua, todos turistas

22 de junio de 2011

POEMA



qué queremos, su compasión, su simpatía, queremos vida, que nadie llore, el valle es amplio, amplio e inmenso, como un entierro, triste y eterno, el fin del muerto, un presupuesto, fruta, verdura, huesos, basura, eso no vale, si no hay petróleo, ahora qué hacemos, si tu te quedas, yo aquí me quedo, no importa nada, me importa un bledo, baila la bolsa, baila el obrero, los niños bailan, bailan las madres, todo funciona, nada se atasca, sube la bolsa, suben los bonos, la ratio sube, bajan los ríos, bajan los bosques, bajan los mares, sube la bolsa, las nucleares, sube la cuesta, sube el peaje, la carretera, y ahora qué hacemos, con eso basta, no hay gasolina, allá va el trigo, va allá la avena, maíz y millo, papas y leña, caña de azúcar, mi coche arranca, tu coche llega, llego a mi casa, llego a mi tienda, nada se para, todo funciona, comamos hierba, arroz nos basta, las vacas pacen, las vacas mascan, panza, bonete, librillo y cuajar, gases por dentro gases afuera, esto me huele, mi coche arranca, marchan los trenes, las limusinas y las infantas, todo está limpio, nada poluto, marchan los tanques, van a la guerra, todo es un todo, con todo basta, más nucleares, fisión, fusión, qué confusión, vaya una lata, la tierra tiembla, tiemblan las nubes, no llueve agua, la gota fría, la gota gorda, la gota regia, la puta gota, esto no para, esto es un ciclo, es una etapa, una escalera que sube y baja, no me pregunten, la rueda gira, la bolsa sube, la bolsa baja, más nucleares, más energía, sal y respira, todo impoluto menos el luto, los cementerios riegan los pueblos, riegan los huertos de cosas raras y muchos muertos, si somos tantos qué nos importa, la vida es breve, la vida es corta, corta y barata, vida de rata.

16 de junio de 2011

POEMA








Ahora, cansados ya de hablar a los adoquines,
Cuando vuestro chorro de lluvia de primavera se manchó de barro,
Cuando dijeron, son rebaño,
Cuando la portavoz de la línea recta cortó sus uñas sobre vuestras cabezas,
Cuando los gritos pedían silencio a gritos
Y el silencio era un ¡hurra, up, up, hurra!

Algunos tímidos os piden un colchón y manta en la acampada,
Quieren marcar el paso, compartir el ritmo, cantar canciones.
Os piden las manos blancas, los esparadrapos en los labios.
Están hartos de bonos, de precios de referencia, de tipos al alza, de productividad, de copago, de deflación, de Frankfurt, de Londres, del Nasdaq, y del Banco de España.
George Soros no llora, de Bill Gross no llora, Botín no llora y Billy el Niño mata.

Están hartos de la Almudena, de la Macarena, de la Blanca Paloma, del Matamoros.

Ahora que la bestia ha despertado y se despereza sobre la manta que dejasteis extendida por la plaza,
Ahora que se han dado cuenta, quieren comer con vosotros.
Tráteme de usted, don.
Yo no pregunto, yo contesto, yo le digo, yo no pido, yo le exijo, cambie de sentido, cambie de marcha, querer es poder, poder es querer, usted lo dijo.
Aquí todo cabe, menos los otros. Mi cinturón de castidad lo llevo puesto. Tú no entras, tampoco el otro, tampoco ellos, solo nosotros.
Una soft ware fagocita discursos, come ideas tiernas, come guisantes, come lechugas de temporada, come pensamientos y poemas nuevos.
Toma la tristeza de un blues y el desgarro del flamenco,
Saca el saxo y las guitarras, saca el sombrero y baja al metro,
Que vean el desprecio, que sepan de miradas, que se pellizquen, que se sientan, que se toquen, que se huelan en medio del insomnio, que recojan sus lágrimas en vasos de plástico y las vendan.
Y con los beneficios de todas sus heridas, que paguen la hipoteca.

2 de junio de 2011

Hola amigos

Últimamente no he podido estar en contacto con vosotros porque algo funcionaba mal en mi ordenador y me impedía acceder al escritorio del blog. Parece que ya todo está en orden. Espero seguir colgando mis cuentos, mis poemas, y leer los vuestros.
Besos a todos
Joaquin

ABDUCIDOS


Desde la Virgen de agosto los termómetros marcaban cuarenta grados. Con este calor la cuesta desde la plaza al portal de su casa se hacía interminable. Sergio sentía opresión en el pecho y el polvo en suspensión desataba el pitido de la alergia. Subía la cuesta sin mirar al cielo donde nubarrones de insectos desaparecían confundidos con la calina. Se apoyó en la verja de la entrada para recobrar aliento, el sudor le corría por la cara y por el tórax y buscó el llavín en el bolsillo. El césped amarilleaba y en un rincón un rosal reseco mostraba una flor superviviete.
Entró en la casa y se dejó caer sobre el sofá. El ventilador del techo giraba en la máxima velocidad, se quitó la camisa y dejó que el aire le refrescara. La televisión mostraba imágenes de la plaga de minilangosta africana que se extendía por el archipiélago.
Laura entró en casa, dejó en el suelo las bolsas de la compra y con un trapo intentaba dar caza a varias langostas que se habían colado en la vivienda, y se quitó la blusa rosa de viscosilla.
-Ay, amor, de esta nos derretimos. -Cogió las bolsas del suelo y se precipitó a la cocina .-Voy a hacer el almuerzo antes que corten el agua.
La televisión se calló y las aspas del ventilador dejaron de girar. Sergio sintió que la falta de aire le oprimía los pulmones. El pitido comenzaba de nuevo. Reclinó la cabeza sobre un brazo del sofá y extendió los pies sobre la mesita de centro. Las piernas le pesaban como sacos de arena. Se le habían dormido. Se las frotó con fuerza. La falta de suministro eléctrico trajo un silencio que invitaba al sueño. Se adormiló.
Laura le trajo una taza de café y le puso varias cucharillas de azúcar . Sus uñas largas, pintadas de rosa, destacaban sobre la loza blanca.
- Toma, mi amor, que el aroma del café revive y la empina -la carcajada dejó ver la dentadura.
Sergio cogió la tacita y acarició la nalga de Laura. Laura agradeció el esfuerzo.
En el único supermercado del pueblo, una tienda destartalada donde vendían de todo, Fabián había traído una partida de ventiladores baratos que compró todo el mundo, y varios aparatos de aire acondicionado que funcionaban con agua.
- De qué vale tanto aparato si no tenemos corriente.-Laura se abanicaba.
- Abre la ventana -suplicaba Sergio entre pitidos de asma.
-Mi amor, no es posible; si abro, esto se llenará de langostas. Margarita y su marido están igual. Parece un gripe, nadie se salva. Toma la radio. Gracias a dios, aun tenemos pilas.
Sergio notaba que cada vez tenía más dificultad para moverse, sentado frente al televisor esperaba las imágenes como un búho al acecho. Necesitaba las imágenes para vivir. El sudor le resbalaba del cuello al vientre; y movía las piernas con ayuda de los brazos.
-Sabes, mi amor, Armando y Lucio están como tú. No pueden moverse .Con lo dinámico que es Lucio y creo que está en la hamaca todo el día; se la pasa zapeando de la Belén Esteban a “Supervivientes”.
Las langostas se chocaban contra los vidrios de la ventana como locas.
-Mi amor, míralo allí en el espejo. – Se removían unas sobre otras como en un sueño daliniano.
Pero Sergio sólo podía ver el televisor que en aquel momento estaba encendido. En la pantalla un grupo de señoras aplaudía. ”Y ahora vamos a publicidad” dijo el conductor del programa. Y Sergio sintió un alivio en los pies y comenzó a respirar como si le hubieran inyectado un “antiestamínico” en vena.
Pero cuando al cabo de unos minutos se cortó la luz de nuevo, el sueño y la pesadez aparecieron. Laura presionó un botón de la radio, porque las noticias de la cinco le calmaban la desazón.
Sergio dormitaba, las imágenes acudían confusas en el duermevela. Se durmió definitivamente mientras acudía a una manifestación de independentistas en Timor. La dirigente de una ONG en Burkina Faso hablaba y Sergio recorría la sabana deteniéndose en poblados a los que llevaban gafas para solucionar los problemas de vista cansada del hechicero.
Aunque no había agua, Laura quiso refrescar a Sergio .Vertió una botella de agua mineral en una palangana, lo desnudó como pudo y lo lavó con una toallita mojada. Entre los dedos se le quedaban trocitos blancos de piel, que al tacto le parecían granitos de arena, Lo colocó sobre el sofá y notó que tenía una rigidez de difunto. Telefoneó al médico, y le dijo que era una plaga que se curaba viendo la televisión, pero que a su vez pensaban que las ondas hertzianas podrían ser responsables.
Fernando el dueño de la ferretería estaba igual, el de la tienda de bolsos y el portero de seguridad social tenían los mismos síntomas. Y el portero del cine, el otro día se quedó rígido durante la película de “Rosas Mary’s baby” y tuvieron que llevarlo a casa envuelto en un rollo de papel de estraza.
Pasados unos días Sergio se quedó como una vela frente al televisor apagado y, como cortaron la corriente a causa de unos incendios cercanos, cayó en aquella especie de coma.
Laura cubrió a Sergio con una sábana de hilo y observó que los callos de los pies estaban duros y fríos como el alabastro. El resto del cuerpo, de piedra caliza.
Tenía momentos lúcidos y podía ver cuanto acontecía a su alrededor, pero no podía comunicarse en absoluto. Desposeído de movimiento, veía a Laura desesperada que le palpaba y le ponía la mano en el corazón a la espera de detectar un hálito de vida. Ahora Sergio era un voyeur. Sólo veía lo que tenía delante, que la mayor parte del día era el televisor apagado
Pasada la primera semana de inmovilidad total, Laura buscó ayuda en las autoridades, que sobrepasadas por el acontecimiento se desentendían del asunto; un número, aun no determinado, pero muy alto, de ciudadanos y ciudadanas habían quedado inmovilizados. Quiso obtener un certificado de defunción, pero el aspecto de la estatua en que se habían convertido era tan veraz, tan vivo y expresivo que los forenses dudaban en aconsejar la sepultura de aquellos difuntos vivos.
Laura, con gran dolor de corazón, metió a Sergio en un cuarto vacío y le colocó un edredón sobre la cabeza para preservarlo del polvo. Durante varios meses entraba con frecuencia en el cuarto y le colocaba flores. El la veía y se lo agradecía íntimamente. Pero pasó el tiempo y Sergio sólo oía el ruido del silencio .Pensaba que con toda seguridad estaba muerto.
Un día una sobrina de Laura lo cogió y con la ayuda de otras personas lo colocaron en un rincón del salón. Alguien comentó que lo mejor para esta nueva especie de humanos abducidos era dejarlos frente al televisor como las momias de los faraones.